Nuestro Propósito

TENIENDO EN CONSIDERACIÓN:

  • Que la concepción etimológica y filosófica originaria del término publicidad está asociada con la acción de publicar, independientemente de si ese hecho de hacer público es comercial o no, o si se encuentra en el ámbito de lo público o en el de lo privado, pues el sentido mismo que funda la acción publicitaria  es  el mensaje que busca hacer público alguna intencionalidad comunicativa.
  • Que la publicidad es una herramienta del marketing y un género de la comunicación que le permite al consumidor tomar una decisión de compra o de uso de servicios a partir de la información que trasmite por diferentes medios.

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  • Que la publicidad ayuda al consumidor a encontrar la información que requiere en relación a una serie de necesidades, llámense básicas o no.
  • Que la publicidad es el engranaje necesario para el dinamismo económico de un país, del cual se deben beneficiar en forma equitativa los anunciantes, los medios, el consumidor y el ciudadano en general.
  • Y, que la publicidad, aparte de su función comercial, se constituye como una herramienta fundamental para generar conciencia y detonar acciones sobre cierto tipo de necesidades asociadas a temas sociales y ambientales. En este caso se le llama propaganda, la cual abarca también a la publicidad política y religiosa.

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Y por otra parte, teniendo presente:

  • Que la publicidad se enfrenta a un dilema ético al querer informar y convencer al mismo tiempo, función dual y problemática en tanto que ella es fuente de información, pero instancia de sugestión emocional, llevada a la necesidad de compra. Evidentemente, cada uno de estos propósitos puede llegar a ser la negación del otro, debido precisamente al interés económico que hay de por medio.
  • Que la publicidad, en tanto actividad mediática, es una comunicación impersonal y controlada, lo que quiere decir que es unidireccional o, lo que es lo mismo, que el receptor no tiene posibilidad de réplica.

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  • Que la publicidad irradia los valores que socialmente se ponen en circulación en los medios, cobrando estos, dada la credibilidad que producen, un rango muy amplio de legitimidad y de veracidad.
  • Que la publicidad no sólo hace referencia a ciertas técnicas comunicativas aplicadas a unas necesidades económicas muy precisas, asociadas simple y llanamente a la oferta comercial de productos y servicios,  sino que, además, dada su fuerza mitogenética, al tiempo de cumplir un papel muy preciso dentro del marketing, tiene una función propagandística, es decir, que cumple colateralmente un papel fundamental en la construcción del imaginario social, ello en virtud de la producción de microrelatos que condicionan emocionalmente y que afianzan una visión de mundo. La publicidad tiene efectos y consecuencias más allá del terreno estrictamente comercial. Ella dejó ya de comunicar los beneficios de un producto para ofrecer formas de vida, ideologías, sentimientos y comportamientos y, en particular, una adhesión a las marcas, más allá de la materialidad de los productos, estimulando, por ello mismo, el consumo exacerbado[1].
  • Que la publicidad, en tanto creadora de cultura, tiende a certificar los valores de un modelo de sociedad único, difundido globalmente, el cual se vuelve predominante en un país como Colombia, que precisamente se caracteriza por su multiculturalidad. Dicho en otros términos, la publicidad tiene indiscutiblemente una incidencia en la reproducción de cultura, precisamente en la medida en que le da cuerpo a un proyecto muy particular de subjetividad, homogénea en medio de la diversidad cultural, ajustada a una moral y una estética dictadas desde las grandes metrópolis, generalmente de espaldas a la complejidad de las realidades locales.
  • Que la publicidad, respecto al consumidor, juega un papel decisivo en dos aspectos fundamentales: como un proceso de significación y de comunicación, y como un proceso de clasificación y de diferenciación social y, por lo mismo, cuando utiliza mensajes sugestivos, que no apelan a la racionalidad sino a las zonas más profundas de la emoción, con el fin de explotar, entre muchas emociones, temores y debilidades, ejerce una gran presión en la autoestima de las personas, llevando por  ende  a  una  pauperización psicológica, crisis latente que deviene explosiva. La sociedad de crecimiento no sólo se ocupa de la producción de bienes en aumento sino de la acentuación de privilegios. Y no existe el privilegio  sin la existencia de una penuria estructural, proveniente no la de la carencia de bienes sino la de la  carencia de signos de prestigio.
  • Que la publicidad, en tanto que estimula la competencia de las personas gracias al valor que se le da a los signos de prestigio, no contribuye al fortalecimiento del tejido social. En ese sentido, las formas de relacionamiento basadas en la solidaridad corren el peligro de ser desvirtuadas.
  • Que la publicidad, en forma creciente, utiliza el argumento Eco para vender más y valorizar la marca, cuando en realidad los productos y servicios ofrecidos por los anunciantes no siempre se ajustan a los parámetros de sostenibilidad ambiental, creando así una imagen positiva en los consumidores y ciudadanos en relación a un falso compromiso ambiental por parte de las empresas e instituciones.
  • Que los actuales modelos de producción y consumo, basados en la idea de un crecimiento económico sin límites, están llevando a la humanidad, en forma acelerada, a una urgencia ecológica sin precedentes, a un umbral que compromete el equilibrio de la biósfera, es decir, están acentuando la crisis social, el desequilibrio medioambiental y, por ende, el resquebrajamiento de la salud humana en todos sus aspectos, crisis que involucra al sujeto, a la sociedad y al entorno natural.
  • Que el grueso de la publicidad que se produce y emite en Colombia no se acoge ni se ajusta a lo que estipula el Código Colombiano de Autorregulación Publicitaria de la CONARP, el cual se funda directamente en lo que ordena el Código de la Cámara de Comercio Internacional.
  • Que la publicidad, debido, por un lado, al sesgo mercantilista del capitalismo desbordado y, por otro, por la laxitud ética que posibilita este entorno viciado muchas veces de intereses, ha caído en un paulatino descrédito.

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  • Se acuerda que EL OBSERVATORIO PUBLICITARIO TIENE POR OBJETIVOS:

  • Darle a la ciudadanía mejores elementos de juicio y bases conceptuales frente a los anuncios publicitarios, para de este modo asumir su condición de sujetos sociales con deberes, pero sobre todo con derechos.
  • Hacer de la comunicación publicitaria una actividad creíble, pero sobre todo, socialmente responsable, cualificando de esta manera el ejercicio profesional de los publicistas; en particular, ofreciendo un espacio activo en donde se ejercite una pedagogía de los medios y en el cual se de curso a la creación de formas alternativas de publicidad, acordes a las demandas del momento actual.

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  • Poner en diálogo las necesidades de  las  empresas productoras de  bienes y de servicios,  las necesidades del consumidor  y el derecho de los ciudadanos a ser bien informados, es decir, posibilitar un acuerdo social entre todos los actores del grupo de  interesados en el factor mercado, dando cabida a un nuevo contrato respecto a sus propósitos y a sus  necesidades.
  • Posibilitar una relación entre anunciantes, empresas publicitarias, medios, ciudadanos y la academia, basada fundamentalmente en la dinámica de pesos y contrapesos y no, como venía siendo, de posturas disociadas, en donde los anunciantes y los medios cobraban mayor protagonismo.
  • Poner a la publicidad a la altura de las necesidades sociales y medioambientales, más allá de las demandas del mercado.
  • Combatir el conformismo creativo y la pasividad del profesional publicitario que se le asocia, a la vez que hacer resistencia a las recetas efectivistas y anacrónicas de una publicidad que, bajo el distractivo del humor, cae en los diferentes tipos de deslizamiento cultural, como el racismo, el sexismo y el universalismo.
  • Teniendo en cuenta que la publicidad debe transformarse cualitativamente al ritmo de las movilidades históricas, se busca integrarla a un proyecto de modernidad afirmativa, creando nuevos discursos, a tono con la época, proponiendo nuevos paradigmas y buscando distintos ángulos para valorar el entorno social y humano.
  • Crear espacios de reflexión, que dinamicen las discusiones y estimulen el diálogo constructivo sobre los temas que involucran la publicidad y la ética de dicho oficio.
  • Sentar las bases fenomenológicas para hacer una consecuente revisión ética de los efectos que en la sociedad se hacen sentir por el a veces uso indiscriminado e irresponsable de la comunicación publicitaria.
  • Convertir a la publicidad en una gestora social coherente respecto a sus compromisos con la ciudadanía, impidiendo que el imperativo económico prevalezca sobre el  humano y el medioambiental,  y mediar para que  los  intereses  de  las  empresas  no imperen  sobre  las  necesidades humanas  y  las  expectativas  de  los  consumidores.
  • De acuerdo a García-Marzá [2], alcanzar el derrotero soñado de una publicidad al servicio de las necesidades humanas, poniendo en equilibrio los distintos niveles reconocibles de la responsabilidad social, los cuales son: la   responsabilidad   económica,   la responsabilidad legal y la responsabilidad moral.
  • Incidir en la Academia para que se asuma la formación del comunicador publicitario en su calidad de un verdadero interventor social y no como pieza suelta y heterónoma dentro de un engranaje acelerado y ciego de productivismo.
  • Generar los puntales de una crítica constructiva que conlleve necesariamente a la cualificación del oficio publicitario a partir de las demandas de una ética aplicada.
  • Convertir la publicidad en una gestora social plenamente responsable, es decir, lograr poner en sincronía las variables consumidor-mercado en relación con unos acuerdos éticos bien claros, teniendo en cuenta que existen empresas que actúan coherentemente con lo que dicta la ley.
  • Ayudar a que la publicidad esté en la capacidad de impactar los ámbitos de lo público y de lo privado, instituyéndose en una herramienta fundamental en la conformación de una sociedad más justa, equitativa y sostenible, más allá de su variable económica, consolidando ontológicamente amplias posibilidades en sus aspectos éticos, sociales, culturales y estéticos.
  • Crear el espacio para una publicidad con sentido crítico, en donde se asuma el tema de la cultura en toda su complejidad, es decir, poniendo en ejercicio una comunicación respetuosa del derecho a la diferencia, coherente en la inclusión y consecuente con los valores de las culturas locales.
  • Hacer que la publicidad sea consecuente con las 17 recomendaciones que emitió la ONU en el marco de la Cumbre de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en Nueva York en el 2015, en donde, en forma expresa, se exhorta a ‘Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles’[3].

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[1] Para comprender mejor la manera como la publicidad ya no se refiere solamente a la materialidad del producto sino que se convierte en un discurso sobre el signo, o mejor, una ontología de la marca, consultar Antonio Caro, en Comprender la Publicidad (2010), La Colección (EX)TENSIONES, Facultat de Comunicación Blanquerna. Universitat Ramon Llull.

[2] García-Marzá, D. (2004). «Ética de la publicidad», En: J. Conill y V. Gonzálvez (coords.). Ética de los medios. Una apuesta por la ciudadanía audiovisual. Barcelona, Gedisa.

[3] http://www.millenniumassessment.org/es/index.html